Minería biológica, un secreto en el fondo de las rías gallegas.

Vista de la Ría de Arousa desde el mirador de Faro das Lúas. Fotografía captada por Lucas Shew.
La actividad acuícola europea de mayor volumen en cuanto a biomasa se encuentra en las rías gallegas. El cultivo de mejillón en batea no ha parado de aumentar en los últimos 50 años, hasta estabilizarse en la última década. Ahora comienzan a apreciarse síntomas de declive de esta actividad marisquera. La batea implica un importante impacto paisajístico al que los gallegos nos hemos acostumbrado, siendo incluso difícil para nosotros imaginar nuestras rías sin ellas. Al menos para aquellos que nunca hemos visto una ría sin ellas.
La estructura de la batea supone un cambio en la dinámica del agua de nuestras rías, los vientos que discurren sobre la superficie se ven obstaculizados por los cancos de eucalipto y las corrientes de agua alteradas por la presencia de las cuerdas de mejillón. El mayor impacto que produce una batea se encuentra en el fondo sobre el que se sitúa. En el bentos de nuestras rías se depositan de forma continua restos orgánicos del mejillón, conchas y pseudoheces de este animal principalmente. Estos restos alteran por completo el sustrato marino, la arena de sílice y los bolos de granito que lo conforman son sepultados por una capa de limo orgánico que crece cara la superficie. La fauna y flora del fondo de la ría se ve desplazada entonces. Quiénes hayan bajado los 15 metros que separan la superficie del fondo de una batea habrán podido observar un ecosistema marciano. La visibilidad cae en cuanto te aproximas al fondo lodoso. Un cementerio de conchas se deposita ahora sobre este sustrato carente de relieve, en el prosperan erizos y estrellas de mar.
A principios de este siglo, el impacto de la batea comienza a tenerse en consideración. Surgen proyectos para intentar combatir la sepultura en nuestras rías. La prensa acerca la problemática a la población gallega haciendo mención de una solución, emplear los sustratos de batea para reparar suelos en tierra de actividad minera. La mina de Touro se convierte en candidata para aplicar esta idea. Sobre esta mina se han depositado los denominados tecnosuelos, constituidos principalmente por sustrato de batea, ayudan a reducir los efectos de la acidificación de los materiales de la actividad minera expuestos en superficie y forman suelo sobre el que pueda prosperar la vida. Como resultado se obtiene un suelo útil en el que se puede encontrar restos de valvas de mejillón. Este proyecto de comienzos de siglo hubiera sido un verdadero éxito dado que supone una estrategia de restauración ambiental por partida doble. Sin embargo no prosperó, la viabilidad económica del mismo supuso un problema. Resulta mucho más económico no pagar por los impactos, ni de la actividad minera ni de la producción del bivalvo.

Mina de Touro
Tras este fracaso, la cara oscura del mejillón se dejó de lado. Resulta incómodo mirar a aquello que no interesa, para lo cual no tienes una solución y que supone un problema al que no quieres enfrentarte. Desde entonces la capa de limo continúa aumentando, pero parece no suponer un problema, dado que lo que está bajo el agua no se ve.
Una nueva solución gana fuerza este año y la prensa ha vuelto a sacar esta problemática a la luz. Pero esta vez, la solución no resulta tan esperanzadora, parece más bien un lavado de cara que pretende hacer ver que se está actuando. La apuesta es formar arrecifes artificiales, emplear escombros de hormigón para que fauna como el bogavante pueda cobijarse bajo las bateas. Supondría teóricamente una estrategia de recuperación de la población de bogavante europeo y de mitigación de impacto sobre el fondo de las bateas. La primera parte no la discuto, el bogavante fue desplazado del fondo cuando sus refugios se cubrieron con fango, por lo que si le devuelves el refugio tiene sentido que prospere. La segunda parte… ¿Acaso no hay ya detritívoros en el fondo de la batea? ¿Es más eficiente el bogavante procesando restos de mejillón que las estrellas o erizos de mar?

Imagen de arrecife artificial publicada en La voz de Galicia
Resulta incomprensible para mi que el proyecto del arrecife sea tomado con seriedad. Antes de que comenzara la sedimentación ya había un ecosistema maduro de arrecife de granito. Claramente fue sepultado, por lo que el arrecife de hormigón correrá la misma suerte. Parece ser que vale la pena retirar volumen al fondo de la ría con escombros de hormigón. ¿Es realmente el bogavante y el resto de fauna asociada tan eficiente a la hora de mitigar la sedimentación como para que valga la pena perder espacio cara superficie por el volumen ocupado por el hormigón? Aunque la prensa lo venda como un logro, es difícil de creer que esto pueda ser una solución. Al menos, han sacado nuevamente a la luz una problemática que lleva oculta desde su origen y que la mayoría de la población gallega desconoce. Solo hace falta preguntarle a cualquiera si sabe lo que hay en un fondo de batea…


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